Tras el éxito de la campaña contra el Banco Mundial, y coincidiendo con la cumbre de Jefes de estado de la Unión Europea, prevista para marzo del 2002, se pone en marcha una nueva campaña de ámbito estatal contra la globalización neoliberal.

Esta campaña, desde el primer momento, arranca con fuerza, con asamblea estatales en las que participan más de 400 personas, pertenecientes a unas 200 organizaciones, plataformas, colectivos y movimientos. A pesar de las diferentes sensibilidades ideológicas, conseguimos fácilmente ponernos de acuerdo en el diseño y los contenidos básicos de la campaña.

En Catalunya, y concretamente en Barcelona, lugar central de las movilizaciones, iniciamos nuestro propio proceso de organización de la Campaña. Entre 200 y 300 personas, de más de 100 colectivos y organizaciones, nos reuníamos en Asamblea, en los locales del Espai Obert de Poble Sec. Precisamente una de las cosas que más recuerdo de la Campaña, son estas Asambleas donde, a pesar de la diversidad ideológica y de modelo organizativo de los participantes, el debate se desarrollaba con absoluto respeto y buscando las posiciones de consenso. Para gente que veníamos de organizaciones tradicionales con sistemas de organización clásicas, el modo de funcionamiento y de toma de decisiones de manera asamblearia, horizontal y en pié de igualdad, fue una gran y positiva experiencia, que también nos ha servido para mejorar el funcionamiento de nuestra organizaciones.

El acuerdo de que todos los actos de la Campaña debían basarse en la acción directa no violenta, desmontó el discurso de criminalización que los diferentes gobiernos y la mayoría de los medios de comunicación utilizaban contra el llamado movimiento antiglobalización. Todas las acciones previas contribuyeron de gran manera a dar a la Campaña una imagen de radicalidad no violenta, y ayudaron a la difusión de la convocatoria de la manifestación entre la mayoría de los ciudadanos. Cabe destacar entre las acciones descentralizadas, la llamada “cazalobbys”, que llenó Barcelona de activistas disfrazados denunciando a multinacionales, bancos, lobbys económicos, etc.

Otro elemento importante, en mi opinión, fue la gran cantidad de actos organizados durante el viernes 15 y el sábado 16 por la mañana. Más de 120 debates, seminarios, talleres y cine-fórums se organizaron por los colectivos, organizaciones y plataformas que formaban parte de la Campaña. Más de 8.000 personas participamos a lo largo de los dos días.
Finalmente, el sábado 16, a la tarde, comienza la manifestación más numerosa de las realizadas hasta ese momento en Barcelona. Alrededor de 500.000 personas salimos a la calle para protestar contra la guerra y contra una Europa antidemocrática y en manos de los poderes económicos. Por primera vez, a diferencia de anteriores movilizaciones del movimiento antiglobalización (Praga, Génova, Banco Mundial), tuvo una participación intergeneracional, muy numerosa, que ha desmontado los argumentos con los que determinados sectores intentan criminalizar nuestras protestas.

He de reconocer que, al igual que gran parte de los miembros de la Campaña, no esperábamos una afluencia tan grande, sobre todo, de un sector tan amplio de la ciudadanía. Aunque mayoritariamente los participantes eran catalanes, también estaban de todos los lugares del Estado español y de otros países de Europa. Cabe destacar que, como es habitual, varios miles de personas, de Francia y Bélgica, fueron retenidas de manera ilegal en la frontera.

Precisamente, la única nota negativa fue la actuación policial, que actuó con brutalidad, provocando a los activistas con cargas, acoso, cacheos, identificaciones y detenciones ilegales. No respondimos a esas provocaciones, manteniendo la calma, quedando en evidencia quiénes son los verdaderos violentos.

Luis Blanco

Comparteix a: